Sunday, December 19, 2010

DIETAS MÁGICAS, INGREDIENTES MÁGICOS Y VERBORREAS MÁGICAS

En los últimos años la sociedad que conocemos vive una auténtica obsesión por la figura y la “salud”. Quizás este desproporcionado culto al cuerpo haya dado pie a que ciertas personas se hayan inventado un conjunto de dietas “curalotodo”, y de que ciertas industrias alimentarias y farmacéuticas se hayan inventado un conjunto de ingredientes con “propiedades extraordinarias”. ¿Lo peor de la situación? Que la gente sigue al pie de la letra estas dietas carentes de sentido y que se gastan cifras astronómicas de dinero comprando productos con “componentes especiales”, en ambos casos esperanzados por obtener ese cuerpo y/o ese estado de “salud” que tanto han anhelado. Y me atrevería a decir que en la mayoría de casos eso se resume a perder peso.

La relación de dietas que garantizan una pérdida de peso es interminable. A todos nos suenan nombres como Atkins, Clínica Mayo, Hay, Montignac, y un cansino etcétera. Estas dietas prometen de todo y más: perdidas de peso en cuestión de días, mejora del perfil lipídico, vitalidad, eficaces frente a cualquier tipo de dolor e incluso que alargan la vida.
¿Qué es lo que consiguen realmente? Cetosis metabólica, diarrea, estreñimiento, alteraciones hidro-electrolíticas, sobrecarga hepática y renal, deficiencias de vitaminas y minerales, aburrimiento por los alimentos, desconfianza en las dietas en general y merma de la autoestima.
¿Y por qué tienen tantos adeptos estas dietas fantásticas? Una posible explicación es que llama mucho la atención la pérdida de peso inicial (a base de agua y masa muscular claro), y la ignorancia de lo que ocurre cuando se deja de cumplir la dieta a rajatabla: aumento del peso por encima del inicial (a base de grasa por supuesto), que es lo que se conoce popularmente como efecto yoyo o rebote, y todas la consecuencias para la salud antes mencionadas.
Cuando más se oye hablar de estas dietas infundadas es justo antes del verano, momento del año en el que más importa la imagen. Y es en esta época cuando la oferta de dietas mágicas se hace más larga y, si me permitís la frivolidad, más divertidas: dieta del melón, del pomelo, del pepino, de la alcachofa, de la piña, y otro cansino etcétera.
La mayoría, por no decir todas, de las conocidas dietas milagrosas son dietas sin lógica, sin base científica, que atentan al sentido común y que pueden llegar a provocar graves problemas de salud entre sus practicantes. Y es que con la alimentación no se juega. No se pueden seguir este tipo de dietas sólo porqué nos lo haya contado una vecina o lo hayamos leído en un revista del corazón.
La obesidad es una enfermedad muy seria, y como tal necesita de un tratamiento muy serio. Estas dietas son una aberración a los conocimientos de nutrición y metabolismo, por tanto quedan descartadas en la intervención de la obesidad. 


Más de lo mismo con toda la gamma de productos para adelgazar. Actualmente los que más fuerza tienen son los que están hechos a partir de extractos de ciertos vegetales. De esta manera los fabricantes producen un producto que parece muy “natural” y se aprovechan de la creencia que todo lo “natural” es más saludable y efectivo. La mayor parte de estos productos se vale de las propiedades diuréticas, laxantes o saciantes de ciertos vegetales, pero en ningún caso disminuyen el peso por sí mismos, que es la creencia popular. De todos modos, actualmente, no hay estudios que demuestren la eficacia de estos productos. Algunos de ellos podrían ser de ayuda (por las propiedades antes comentadas) como complemento a un plan alimentario y de ejercicio, pero jamás si se usa sólo. Este es un malentendido que tiene que desaparecer, muy a pesar de las empresas fabricantes que se frotan las manos con el dinero de personas que ponen toda su esperanza en unas capsulitas naranjas. Así es que se debe dejar de hacer caso a las personas que van pregonando la eficacia de estos productos, y es que nadie debería prescribirlos a sus anchas,  por mucho que diga que sabe del tema.




Como nutricionista y tecnólogo de los alimentos desapruebo completamente esta colección de dietas sinsentido e ingredientes milagrosos, y apoyo la idea  de que una dieta equilibrada (con restricción calórica si hace falta) y una actividad física diaria son las bases para una vida saludable.

Los alimentos son un camino hacia la salud. Pero si son utilizados incorrectamente pueden serlo de la enfermedad. Antes de aferrarnos a una dieta de adelgazamiento se debe pedir necesariamente el consejo de un/una nutricionista, el/la cual decidirá las pautas más eficaces a la vez que saludables para perder peso y alcanzar un estado saludable.

Recomiendo encarecidamente la lectura del documento técnico “Dietas mágicas” editado por la consejería de sanidad de la comunidad de Madrid. En él, autores de la talla de Grande Covián analizan la problemática del “boom” de las dietas mágicas y los productos supuestamente adelgazantes. Un documento indispensable.